lunes, 28 de diciembre de 2015

Soneto de la dulce queja - Federico García Lorca


No me dejes perder la maravilla 
de tus ojos de estatua, ni el acento 
que de noche me pone en la mejilla 
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla 
tronco sin ramas, y lo que más siento 
es no tener la flor, pulpa o arcilla, 
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío, 
si eres mi cruz y mi dolor mojado, 
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado 
y decora las aguas de tu río 
con hojas de mi Otoño enajenado.

Federico García Lorca